El Nacionalsocialismo
Por Cesare Santoro
BIBLIOTECA DE CIENCIAS POLITICAS Y SOCIALES
Título Original:
Der Nationalsozialismus
Traducción de:
Dr. José Hernandez
PROLOGO A LA EDICION ESPAÑOLA
Entre los
acontecimientos más importantes y decisivos del siglo XX se encuentra el
surgimiento del Nacionalsocialismo en Alemania. Esa doctrina política,
social y racial le arrebató al comunismo las masas obreras alemanas,
unió a todas las clase s sociales y les dio el impulso necesario para
salir de la terrible crisis que sucedió a la Primera Guerra Mundial.
Muy
pronto la nueva Alemania asombró al mundo con su carácter. En lo
económico, a pesar de haber despreciado el patrón oro, se volvió cada
vez más pujante mientras que en lo militar se convertía en la nación más
poderosa de la Tierra.
La Segunda guerra Mundial, en la que Alemania luchó casi sola contra
las naciones más poderosas del orbe, es el testimonio del gigantesco y
trágico esfuerzo que costó a los aliados salvar al comunismo soviético.
Si el Nacionalsocialismo no hubiera surgido, Alemania que en aquel
entonces contaba con el partido comunista más grande del mundo incluida
Rusia , se hubiera vuelto irremisiblemente comunista. Ese era el sueño
de Lenin, comunizar a Alemania porque un imperio rojo desde el Rhin
hasta Vladivostok conquistaría fácilmente el mundo entero. Uniendo el
enorme potencial industrial y cu ltural de Alemania con los extensos
recursos naturales y humanos de Rusia se formaría una superpotencia.
Si las muchedumbres de desocupados alemanes no hubieran encontrado
que el nacionalsocialismo superaba al Marxismo y se hubieran comunizado,
habría cambiado el destino del mundo entero y las nuevas generaciones,
en la actualidad, no conocerían más forma de vida que el ateísmo
materialista que impone la dictadura bolchevique.
El surgimiento del Nacionalsocialismo alemán retrasó imponderablemente el triunfo de la Revolución Mundial Marxista.
Además, la doctrina de la svástica y su decidida lucha anticomunista
puso de manifiesto la existencia de una poderosa vinculación entre la
Rusia comunista y las democracias capitalistas. Una vinculación
insospechada y extraña entre gobiernos tan diametralmente opuestos, pero
tan poderosa como para lanzar naciones enteras a la guerra para salvar a
Rusia.
El aspecto cronológico histórico del Nacionalsocialismo es bien
conocido, existe una abundante documentación al respecto. En cambio, el
Nacionalsocialismo como doctrina política, social y económica no se
conoce y son muy raras las fuentes en donde se puede encontrar
información. respecto a las personas que le dieron vida y que murieron
antes o con la derrota de Alemania, se conocen también ampliamente sus
biografías y actuaciones.
La razón de este libro es la exposición objetiva del
Nacionalsocialismo como doctrina política, social, racial, económica y
cultural.Para ello se han solucionado los dos obstáculos principales que
tal tarea encierra: la falta de objetividad en la exposición y la falta
de documentación original después de desaparecido el sistema.La obra
fue escrita por Cesare Santoro en sus años de corresponsal en Alemania y
para evitar alterar las impresiones de esa época, no se ha querido
cambiar el sentido propio de sus notas y solamente se las ha ordenado
por temas generales para la mejor comprensión del Nacionalsocialismo.
Aquí se expone con imparcialidad una doctrina que ya pertenece a la
historia contemporánea; en cuanto al juicio de la misma, aquí se
encontrarán los elementos suficientes para que cada lector emita el suyo
propio.
PROLOGO A LA EDICION ALEMANA
El primero de
febrero de 1933, Adolfo Hitler, el nuevo Canciller de Alemania, pidió en
su primer llamamiento al pueblo alemán que le fueran concedidos cuatro
años para la realización de su obra: la reconstrucción nacional. Dos
días más tarde repitió la misma demanda en el Palacio de Deportes de
Berlín: "Durante 14 años los partidos de la decadencia, humillándole,
gobernaron al pueblo alemán. Durante 14 años le desmoralizaron y le
disgregaron hasta destruirlo. No es presunción presentarme hoy ante la
Nación conjurándola: Pueblo alemán, concédenos cuatro años y te juro que
nosotros, yo el primero, si fallamos, nos retiraremos de los puestos en
la misma forma en que los hemos asumido. No me ha impulsado la ambición
de beneficios materiales sino el amor a tí. e sta ha sido la decisión
más grave de mi vida... No puedo renunciar a la fe en mi pueblo ni a la
persuasión de que esta Nación se levantará otra vez, no puedo prescindir
del am or hacia este pueblo y guardo el convencimiento inquebrantable
de que llegará la hora en que los millones de seres, que hoy nos
maldicen, se unirán a nosotros y con nosotros saludarán a la nueva
Nación Alemana creada por todos, y conquistada en una lucha ardua y
amarga: en Nuevo Reich Alemán, Reich en cuya grandeza son indivisibles
el honor y el poder, la magnificencia y la justicia".
Hoy se puede afirmar que los acontecimientos de estos cuatro años
representan reformas nacionales y sociales que en otras épocas hubieran
exigido un tiempo mucho más largo. La promesa del Führer se ha cumplido,
puesto que el partido Nacionalsocialista se encontraba el día del
advenimiento al poder con la madurez necesaria para cumplir la misión
que la voluntad del pueblo le había confiado.
Cuatro años son un episodio breve en la vida de una nación. Sin
embargo, el Gobierno Nacionalsocialista, gracias a su intensa
preparación durante los largos años de lucha pudo lograr en este plazo
tan escaso una profunda reforma en la estructura política, en las
organizaciones sociales y económicas, en las normas jurídicas y
administrativas. Al mismo tiempo, el pueblo se liberó de las cadenas del
Dictado de Versalles, y reconquistó la igualdad de derechos que le
correspondían entre las grandes naciones, resultado que no consiguieron
los gobiernos de la República de Weimar.
Un proceso de carácter claramente renovador, en cuyo curso ciertas
tradiciones rancias tuvieron que ceder lugar a nuevas manifestaciones
sociales y en el que las posiciones personales sufrieron cambios
profundos, quedó sujeto a la crítica y al desc ontento. Siempre hay
personas que no se dejan convencer de que los grandes momentos requieren
también grandes decisiones. Pero estas dificultades fueron vencidas con
el tiempo como lo demostró la última elección del Reichtag, efectuada
el 29 de marzo de 1936. El cómputo de votos arrojó 44.955.000 de los
cuales fueron emitidos 44.412.000 en favor del Gobierno y apenas 543.000
en contra. Han terminado por reconocer la obra realizada por el
gobierno Nacionalsocialista altas personalidades que se habían
distanciado del movimiento, como el General Lundendorff, e incluso hasta
enemigos declarados del Nacionalsocialismo como Severing, antiguo
ministro del Gobierno marxista.
La reacción en el extranjero fue intensa por dos motivos: primero por
el conocimiento insuficiente de la situación de Alemania en el momento
del advenimiento al poder y de las actividades gubernamentales en los
primeros cuatro años; segundo, como consecuencia de la campaña de odio
que realizaron y realizan todavía contra el Tercer Reich elementos
partidistas o enemigos personales de la ideología Nacionalsocialista.
Nada tan perjudicial para las relaciones entre los pueblos como el
desconocimiento recíproco de los mismos; esta ignorancia es la que
levanta los muros de desconfianza que se interponen entre unos y otros.
Así por ejemplo, el acercamiento franco-alemán, seguirá siendo un deseo
irrealizable hasta que los franceses no se convenzan de que los alemanes
son seres humanos como ellos y de que anhelan como ellos también, la
misma paz.
Más allá de las fronteras de Alemania se ha mejorado en estos últimos
tiempos el criterio sobre el Tercer Reich. Muchos prejuicios han
desaparecido y, como prueba de ello, miles de extranjeros han visitado a
la Nueva Alemania; no obstante, subsisten algunos todavía, puesto que
las calumnias se ofrecen a merced, en cuanto se presenta la más pequeña
oportunidad. De aquí resulta una situación que llena de desconfianza y
envenena la opinión pública del mundo entero produciendo una
intranquilidad general que perjudica en el más alto grado las buena s
relaciones internacionales y la paz de Europa.
El objeto de este libro es completar el conocimiento de la Alemania
de Hitler y rectificar ciertas afirmaciones falsas. Se prescinde en
absoluto de toda valoración subjetiva y por eso mismo, tienen la palabra
solamente los hechos probados y las cifras ve rificadas. Así el lector
estará en condiciones de deducir las consecuencias lógicas que de aquí
se desprenden.
Aún alemanes, hasta elementos del partido, con
frecuencia no saben cuán grandes son los progresos que ha logrado el
Gobierno en los primeros cuatro años, pues en medio de la lucha y del
trabajo la vista no abarca sino un horizonte limitado.
La presente obra trata de resumir los éxitos del primer plan
cuadrienal fijado por el Führer y de explicar los fines alcanzados,
destinados a garantizar la independencia de Alemania en lo que concierne
a su economía y a su abastecimiento.
En la complicada situación internacional presente considero deber de
todo periodista concienzudo contribuir con todas sus energías a la obra
de comprensión recíproca de los pueblos, y tratar de disipar toda
discrepancia, en favor del estímulo de la armonía entre sí, sobre
fundamentos constituidos por verdaderas comunidades nacionales.
Creo por lo tanto ser del mismo parecer que mis colegas de prensa
que, residiendo desde hace años en Alemania han tenido oportunidad, los
difíciles tiempos de posguerra, de conocer el relajamiento moral y
material del pueblo alemán y de apreciar lo s esfuerzos titánicos por
levantarse y resurgir en la plenitud de una vida nueva. Todos nosotros
hemos compartido el dolor y las esperanzas de los alemanes y hemos
convivido también su alegre optimismo y la feliz realización de sus
anhelos.
Ya que vivimos entre hombres hay que ser uno de ellos; si se vive en
tan gran pueblo que lucha por su existencia, no hay que esconderse
negándose a reconocer el valor del esfuerzo puesto en la obra de
reconstrucción general. Es necesario apreciar la significación de la
lucha de Alemania por la igualdad de derechos que le corresponden entre
las otras grandes naciones y su buena voluntad para vivir en paz con los
demás y colaborar al bienestar general.
La grandiosidad de los sucesos, que tuve ocasión de presenciar, no
ofuscan mi vista, ni afectan mi intento de buscar la verdad y de hacer
constar imparcialmente los resultados alcanzados. Sin duda se han
cometido desaciertos, especialmente de índole táctica. Estos errores
ocasionaron en ciertos círculos extranjeros un sentimiento de animosidad
y de oposición contra la Nueva Alemania. En un movimiento de tan gran
magnitud y de tan profundo significado ético son inevitables las
equivocaciones. "No creemos en un paraíso terrenal, pero sí en un estado
en un Reich que será la Patria del alemán laborioso" (Hitler).
Berlín, diciembre de 1937
El Autor